Luego de cuatro semanas, los autores encontraron cambios en la microbiota intestinal del grupo que llevaba adelante la dieta baja en FODMAP. Estos consistieron en la disminución de la bacteria Anaerostipes y el aumento de la clase Erysipelotrichia, aunque no observaron diferencias significativas en la diversidad bacteriana total. Además, en participantes con altos niveles iniciales de ácidos grasos de cadena corta (propiónico y valérico), las concentraciones de estos ácidos grasos disminuyeron tras la dieta, pero no se alteraron los niveles totales de estos compuestos ni los marcadores de inflamación intestinal.
La dieta baja en FODMAP también alivió significativamente los síntomas gastrointestinales, como el dolor abdominal, la distensión y la diarrea, mejorando la calidad de vida de los pacientes. Los autores concluyen que esta estrategia dietética es efectiva para tratar los síntomas gastrointestinales persistentes en personas con enfermedad celíaca tratada, y que los cambios moderados en la microbiota intestinal observados no parecen comprometer la salud del colon. Estos hallazgos son prometedores, aunque se recomienda más investigación para evaluar la seguridad y eficacia a largo plazo de la dieta baja en FODMAP.



